Si alguna cosa se le puede achacar a mi Presi es que nos ha puesto a mirarnos, a redescubrirnos, a sacar con brochitas, cual dedicados arqueólogos, capas y capas de costras colonizadoras. El trabajo es duro: siglos de falsas certezas sedimentadas una sobre otra, formando una muralla maciza que nos impide ver nuestra esencia, que nos separa de lo que somos, que nos obliga a entender al mundo desde la óptica del opresor, un mundo que siempre nos queda grande. Colonizados.
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viernes 28 de octubre de 2011
A punta de brochita
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Carola
Si alguna cosa se le puede achacar a mi Presi es que nos ha puesto a mirarnos, a redescubrirnos, a sacar con brochitas, cual dedicados arqueólogos, capas y capas de costras colonizadoras. El trabajo es duro: siglos de falsas certezas sedimentadas una sobre otra, formando una muralla maciza que nos impide ver nuestra esencia, que nos separa de lo que somos, que nos obliga a entender al mundo desde la óptica del opresor, un mundo que siempre nos queda grande. Colonizados.
Hay quien cree que la descolonización es renegar de la porción hispánica de nuestra cultura, desespañolizarnos aunque lo hagamos en perfecto castellano, firmando nuestro rechazo con un sonoro y rotundo Pedro García. Arrancarnos de cuajo buena parte de lo que somos, para no ser Pizarro, y tampoco Cervantes... Otra vez sin vernos... perdidos.
Despojados del Pedro, pretendemos ser Guaicaipuros de una pureza ficticia. ¡Listo, descolonizados! Eso sí, insistiendo en la necesidad en avalar lo que hacemos con conceptos europeos, como si aquí nadie ha pensado, como si no tuviéramos ni idea. Si no lo dijo alguien con nombre impronunciable no sirve. Citamos desde Platon, a Rousseau, Marx, Engels, Nietzsche, Kant...-¡qué se yo!-, tantas veces en trocitos descontextualizados, tantas veces tan enredados, porque ellos tienen las respuestas de la humanidad, Amén. Guaicaipuro colonizado otra vez.
Y no digo que las ideas foráneas sea malas, lo malo es que sean las únicas, que nos priven de las nuestras, que terminemos ignorando a quienes desde nuestro contexto, con nuestras mismas inquietudes, formularon preguntas y plantearon respuestas muy a nuestra medida. Lo malo es que dejemos leernos y reconocernos en Arturo Jauretche, Methol Ferré, o el mismito Mariátegui que quiso ver al marxismo desde Perú. Somos nuestroamericanos pero a Martí por encimita.
Desde ese eurocéntrico modo de no vernos descalificamos nuestras luchas, hablamos de caudillismo con un dejo de desprecio, con asquito, eso sí, bien civilizado; reduciendo a gigantes como Pancho Villa o Emiliano Zapata a pintorescos personajes cinematográficos, o a patriotas como Omar Torrijos a simples milicos autoritarios, y la lista sigue y se me acaba la tinta... Nuestros caudillos fracasan, no por las marramuncias de los gringos opresores, sino por populistas, -otra mala palabra cuando se traduce del alemán, aunque maravillosa si la explica en argentino Ernesto Laclau-. Los nuestros son caudillos y, por supuesto, nunca dan la talla. Claro, si el caudillo de llama Lenin o Mao, no es caudillo sino líder la revolución.
Trabajo arduo, mucha brochita, mucho polvo colonialista por sacudir. Solo entonces, desempolvados, veremos, por fin y bien clarito, que la Patria Grande siempre estuvo ahí.
sábado 22 de octubre de 2011
Movimiento frente al espejo
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Carola
Cuando me miro al espejo me encuentro con una cuarentona que parece cuarentona. Podría, sí, mirarme con los ojos entrecerrados, metiendo la barriga, parándome de medio ganchete para agarrar mi mejor ángulo, que es igual al peor pero del otro lado… y colorete por aquí, sombra por allá ¡qué se yo!... Podría verme sin mirarme, para no reconocerme, para creer que el maquillaje o el relleno del sostén me acercan más a Claudia Schiffer que a la cuarentona mofletuda que inevitablemente soy.
Algo parecido nos pasa cuando nos miramos en el espejo político. Metiendo la barriga, en lugar de mirar lo que somos buscamos protagonistas de gestas legendarias, con principios, nudos y desenlaces dramáticos, solemnes, ajenos… Buscamos en el espejo algo que nos falta, porque no nos parecemos a lo que debemos ser -¿según quién?- porque, para ser, debemos ser lo que no somos, un ideal que choca de frente con la barriga de la realidad, que por más que la metas termina por desbordarse. La única verdad es la realidad, dijo un señor que supo mirarse al espejo, y la realidad era un Movimiento Nacional y Popular.
Si no me parezco a Claudia Schiffer no es porque sea defectuosa sino porque soy Carola Chávez y eso es bueno, a menos que me empeñe en ser Claudia… Entonces me jodí.
Políticamente somos lo que somos y no lo que se supone -¿quién supone?- que debamos ser. Y lo que somos es parte de un maravilloso orden de apariencia caótica. Un delicioso arroz con mango nuestro, propio, que es sin que lo nombren, que existe independientemente de que haya o no teoría que lo avale, que tiene vida propia y siempre sabe qué hacer cuando el 11 de abril aprieta.
Somos un movimiento nacional que apoya la propuesta de mi Presi y que a su vez propone, lo fuimos antes del Polo Patriótico y seguiremos siendo después, si este no diera la talla. Somos algo indefinible con un fin bien definido -no me canso de decirlo-: Una patria justa, libre y soberana.
El movimiento es amplio, nos une en las coincidencias y supera las contradicciones, que siempre terminan siendo pequeñas frente al fin superior. Así, cada vez que del interés de la Patria y de nuestro pueblo se trata, nos encontramos codo a codo bailando en plena sincrónica con un improbable compañero: un marxista y yo tan clase media, un ateo y yo tan creyente, una feminista y yo tan conservador, un vegetariano y me comí un bistec…
El movimiento es nuestra forma de ser y de hacer revolución. No es ni mejor ni peor que otras formas de otras gentes. Es simplemente la nuestra.
Seremos libres cuando construyamos mirándonos, reconociéndonos en nuestra colorida diversidad, regocijándonos por ser lo que somos. Entonces descubriremos que el hombre nuevo siempre estuvo en nosotros.
¡Respira, barrigón!
viernes 21 de octubre de 2011
La vida oscura de Clara: ¡Silencio, voz interior!
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Carola
Clara, la de la vida oscura, remoja sus pies temblorosos en el agua azul baldosa; sus ojos enrojecidos por el insomnio crónico de quién hace años perdió la paz; su mirada apagada buscando, en la llanura artificial de su nueva piscina, razones para seguir viviendo esta agonía.
Queman como latigazos los risas de sus invitados, el tintinear alegre de los vasos de whisky, el chisporrotear la jugosa punta trasera ardiendo sobre las brasas, que nada tienen que ver con la pesadilla de este comunismo que nos está matando… porque nos está matando, muy a pesar de la fiesta de esta tarde, para celebrar -¡Oh! ¿cómo celebrar en medio de la pesadilla?- su aniversario de bodas... Veinte años no es nada y febril la mirada…
1991: Venezolanos, venezolanas ni se les ocurra casarse, porque el casado casa quiere, y el que quiera casa en esta Venezuela súbdita Fondo Monetario Internacional, tiene tres opciones: pedírsela a papá, lanzarse al vacío al 80% de interés anual, o ser realista y joderse pagando alquiler.
“Yo nunca pagué alquiler ”-se dice Clara como para espantar los recuerdos que están mejor en el olvido-. Vivíamos en un anexo que hizo mi papá… “¡Ahhh! fue rarísimo volver de la luna de miel a mi cuarto de soltera, ahora disfrazado de apartamento tipo estudio con baño y kitchenette en los mismos metros cuadrados que antes llené con peluches y barbies…” La Venezuela de los anexos, casas unifamiliares convertidas en improvisados conjuntos residenciales donde los abuelos, suegros, tíos, cuñados y hermanos vivían juntos y revueltos en un laberinto de tabiques que daba al hogar un nuevo y claustrofóbico aspecto de colmena…
¿Colmena? -Clara sacude la cabeza reacomodando a conveniencia trocitos de memoria-. “Era un apartamentico bien cuchi, perfecto para empezar…” Para empezar a ver que no había por dónde empezar, que había llegado el fin, porque como dijo entonces, hecho el loco, Carmelo Lauría “habían raspado la olla” y de nuestro país rico en petróleo solo quedaba pobreza y desesperanza.
Casota con piscina, regalo de aniversario, vivienda principal al 11% anual. Contratos suculentos para un negocio en su máximo apogeo, después de más de una década de estado comatoso a causa de un paquetazo… Un recuerdo punzante: 1992, Clara, cacerola en mano, desde una ventana de su hacinado anexo, coreando junto a todo el país el nombre de la esperanza: ¡Cha-vez, Cha-vez!…
¡Mentira! Los recuerdos mienten. Las apariencias también: La casa, el negocio, las risas… no son más que espejismos en un país en ruinas que sueña con el autobús del progreso para transitar el camino del capitalismo popular.
¡Cha-vez, Chá-vez! -Insistía la vocecita del recuerdo mientras Clara, desencajada, corría a poner Globovisión.
viernes 14 de octubre de 2011
Que caben cien
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Carola
Con la creación del Gran Polo Patriótico me siento como quien estuvo debajo del agua, a punto de ahogarse, y de repente logró salir a la superficie ¡Aaaaaahhhh! ¡Aire!
Un soplo de aire fresco que puede convertirse en el huracán que nos eleve, incluso, más allá de nuestros sueños.
Es que no todos sabemos, queremos o podemos militar en partidos, y muchos, como yo, jamás lo habíamos hecho. Esto, sumado a la falta de tres erres que luego fueron nueve, siempre faltantes, resultó en la merma de entusiasmo PSUVista, que si una vez tuvo chispa fue por el contagioso afán de mi Presi.
He expresado muchas veces que el chavismo no cabe en un solo partido. Que no hay modo de meter a tanta gente tan distinta dentro de una estructura que, desde su mismo comienzo, tuvo una rigidez, un solemne acartonamiento que se estrelló contra la espontaneidad del movimiento popular que apoya a mi Presi.
Por eso es maravilloso respirar las bocanadas de aire renovador del Polo Patriótico.
Aire… Pero... ¿Qué veo ahí? - No faltaba más- ¡Escarlatina Rojas Bermellón!, polifuncionaria pluricambural, directiva cooptada de cuanta cosa se puede dirigir por cooptación. Escarlatina, la misma que hasta ayer, acusó a los movimientos sociales de ser “grupúsculos de alborotadores, indisciplinados, infiltrados...” La misma que cerró cuanta taquilla, ventanilla o puerta se pudiera cerrar en la cara de quienes reclamaban su derecho al ejercicio del poder popular. Escarlatina hoy también preside -¡Sorpresa!- un movimiento social: El frente no inclusivo de revolucionarios únicos y verdaderos.
Es que nuestra antiheroína se toma la democracia protagónica tan en serio, que no pudo evitar ser la protagonista -a empujones y codazos, como es costumbre-, en esta nueva y esperanzadora etapa de nuestro andar político.
Parece que no hay espacio que no quiera ocupar en su asfixiante empeño de ocupar todos los espacios, de salir en todas las fotos, de ser la eterna reina de cada carnaval.
¡Ay, Escarlatina!, mal te veo…
(Escarlatina ahora me ve, me llama y me dice “mi amor” y otras adulantes mentiritas empalagosas. Ahora... ¿Por que ahora?… Pobrecita, no sabe que soy la misma de siempre, que no sé ser de otra manera.)
El Polo Patriótico es y será nuestro lugar de encuentro, el centro de articulación de los movimientos sociales, de millones de personas distintas que coincidimos en empujar hacia el mismo lado, convencidos de que el único camino es del de una Patria libre, justa y soberana. Y que empujaremos a pesar de Escarlatina quien, ciega de adequismo hipotalámico, todavía, a estas alturas, no ha entendido nada.
Entren que caben cien, miles, millones… Hasta cabes tú, Escarlatina Rojas Bermellón, pero eso si: O te montas o te encaramas porque el Polo Patriótico es el poder popular.
sábado 8 de octubre de 2011
Predicciones recurrentes para otro año electoral
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Carola
Cada vez que comienza un año se alborotan adivinos dispuestos a contarnos, a punta de predicciones, la película antes de que empiece. Pues lo mismo pasa con los años electorales, como éste que se nos viene encima con sus recurrentes amenazas y fracasos comunistas –valga la redundancia– y que yo, a modo de Adriana Azzi pero que sí acierta, les voy a predecir.
Vacas flacas: Polar y otras empresas privadas, decentes y pensantes de este país, intentarán, en vano, superar todo tipo de obstáculos para poder llevar aunque sea una arepita con mantequilla a la mesa venezolana. Misión imposible, culpechavez, por supuesto, tirano cuyo único fin es aplastar a la empresa privada bajo la suela comunista de su bota militar. Claro que Polar no explica cómo es posible que el comunismo afecte a la arepa y nunca a la cerveza que ellos mismos producen. ¿Culpechavez, Lorenzo?
Colapso económico: Sí, colapsan los estacionamientos de centros comerciales atiborrados de las camionetas y carros de gente que no para de comprar. Colapsan todos los aeropuertos, los cupos en todas las líneas, a todos los destinos, con cientos de miles de víctimas de un comunismo feroz que permite esa abusiva viajadera. Colapsan los restaurantes, cafés, discotecas, bares, con gente que ocupa todas las mesas lo que nos lleva a la predicción anterior sobre la escasez. Escasea la vergüenza de gurúes del neoliberalismo cipayo que insisten en vendernos las inexistentes bondades de un sistema que, en verdad, colapsa delante de sus ojos que no ven, corazón que no siente.
Infancia acorralada: Y cual las oscuras golondrinas, volverán los rumores de niños que si bien ya no serán arrancados del seno del hogar, verán su inocencia mutilada producto del adoctrinamiento y de la inoculación de peligrosísimos conceptos como solidaridad, igualdad, libertad y –¡peor!–: Independencia y soberanía. Otra puñalada a la sociedad civil que defiende, a capa y espada de Santiago, el derecho de los niños a no ser adoctrinados, a menos que sea para aquel lado, allá a la diestra del Padre de la Democracia; con su Disney Channel, Mc Donald’s, Coca Cola, Barbie, Oh! I love USA…
Vergüenzas varias: Encabezaremos las listas de cuanta acusación pase por la cabeza hueca de la “comunidad internacional”. Seremos otra vez los malucos, la mala influencia para esta región terca que cree que puede decidir su destino.
Dimensión desconocida: Aparecerán dañados trenes, puentes, autopistas, Centros de Diagnostico Integral, Satélite Simón Bolívar, Canaimitas, casas bien equipadas… todo echado a perder… El desastroso deterioro terminal de cosas que no existen porque este gobierno no ha hecho nada.
Otro año electoral, otro chaparrón de locura opositora. Por eso, adivina adivinador, ni de vaina volverán.




