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viernes 27 de agosto de 2010
Vivir en el infierno como si nada
viernes 20 de agosto de 2010
Del dicho al hecho...
¡Ah! El discurso opositor: retahíla incoherente que pretende conservar la simpatía de aquellos odiosos que, aún hoy, añoran el “Te queremos Pedro, a la vez que se propone captar el interés de los que ellos llaman “chavistas decepcionados”. Un discurso acuseto pantaleto que se limita a señalar fallas del gobierno sin profundizar en sus causas, para evitar que quede en evidencia que ellos son parte del problema. Un discurso añorante que nos promete un futuro con ínfulas de pasado en el que, irremediablemente, “estaremos mal pero iremos bien.”
Discurso carroñero que arremete contra Barrio Adentro, que pretende, a punta de no nombrarlos, invisibilizar al Cardiológico Infantil, la Misión Milagros, la José Gregorio Hernández, pero no escatima titulares escandalosos ante un quirófano en mal estado. Discurso cruel que se burla de la ortografía del pueblo alfabetizado, pero que jamás sintió un pellizquito de angustia por ese mismo pueblo cuando era analfabeta.
Discurso inmoral que apoya a los especuladores, que acapara la leche, la harina, el arroz, que no tuvo reparos en matar de hambre a nuestros niños durante el paro petrolero, y que hoy pretende horrorizarse por los alimentos podridos de PDVAL, misión que, para ellos, comenzó a existir hace a penas tres meses para enriquecer a unos funcionarios corruptos, y no desde hace tres años para llevar a nuestras mesas millones de toneladas de comida de optima calidad.
Discurso arrogante que pretende convencernos de que somos brutos, que no sabemos lo que es mejor para nosotros, que ellos sí saben porque fueron a una universidad de verdad, verdad, no a una Bolivariana con carreras de pacotilla en las que el gobierno dilapida el dinero de todos, tratando de educar a todos, para que ya no nos crean, para que nadie se trague nuestro discurso, aunque lo disfracemos de social como lo hace Leopoldo con su partido Voluntad Popular, siempre empeñado en ignorar la ídem, o Maria Corina con su rojísimo “Es Ahora”, que cree que le quedó genial porque ese pueblo bruto se va a confundir y va votar por ella creyendo que vota por Chávez.
Discurso artificial que estrecha con asco manos de viejitas, que besa niñitos que huelen a pañal, que se limpia sin pudor con un pañuelo perfumado, que, rodeado guardaespaldas, se pone su sonrisa de afiche para la foto en la entrada de un barrio, abajito en la pata del cerro -¡qué susto, qué grima!- para ver si convence a alguien, sin lograr convencer a nadie.
Bilingüe discurso de oposición que, ante la tarea histórica de construir un país justo, libre y soberano, opta por interpretar el vergonzoso papel del que ni lava ni presta la batea.
Discurso fallido que nos invita a votar en contra de quien lo pronuncia.
viernes 13 de agosto de 2010
La Patria Grande: un monstruoso dolor de cabeza.
La Patria Grande, el sueño de Bolívar. Sudamérica unida, libre, soberana. De eso se trata mucho de lo que vimos esta semana, de esa visión amplia que desborda la mezquindad de las fronteras, que son más cicatrices que otra cosa.
Nuestros países serán domesticables siempre que insistamos en la miope necedad de mirarnos al ombligo, siempre que no nos reconozcamos en nuestros hermanos, siempre que condicionemos la hermandad a una ideología.
Domesticados nos quieren porque libres seríamos imparables. Dominados y con el espíritu roto, transculturizados, vacíos. Convenientemente recelosos de nuestros hermanos. Condicionados a la desconfianza. Separados.
Así nos quiere el enemigo que no es otro que el explotador, el mismo de siempre, el que se lleva nuestra riqueza a cambio espejitos para unos pocos y miseria para casi todos.
Nosotros no podemos quere, por eso recogemos el sueño de Bolívar para hacerlo nuestro porque entendemos que más que un sueño es nuestra salvación.
Las peleas entre hermanos no benefician sino al enemigo, experto sembrador de discordias que, por cierto, cada vez que buscamos acercarnos nos golpea furioso, como esos monstruos malos de los video juegos, que mientras más cerca están de la derrota más malucos y más disparadores de rayos se ponen.
El encuentro entre la Venezuela insumisa y una Colombia que consideraba suya produjo en el monstruo una migraña terrible. Entonces escupió monstruitos disfrazados de presidentes con fecha de caducidad vencida, reportajes viciados, provocaciones que apostaban al desencuentro… Escupió y escupió en vano.
¿Ganamos? ¿Qué ganamos? -Se preguntan algunos. Nada, que evitamos, por ahora, hacerle el mandado a los gringos matándonos entre nosotros mismos, y avanzamos hacia la Unión Sudamericana. ¡Imposible con esos gobiernos de derecha! -Dicen otros llenos de ingenua convicción, mientras el monstruo sonríe satisfecho.
Y es que si la unidad está sujeta a que coincidamos en ser todos de izquierdas o de derechas podemos embojotar nuestro sueño y meterlo en bolsillo trasero de nuestro pantalón -¡Oh casualidad!- made in USA
Porque La Patria Grande se construye a partir de lo que nos une y no de lo que nos separa. Porque, más allá de quien gobierne, los pueblos siguen siendo los pueblos. Lo vimos en el Barrio La Lucha de Santa Marta. Los pueblos claman la necesidad de que nos demos las manos en vez de puñaladas que ya sabemos a quien benefician. La unidad nos fortalece y es nuestro deber privilegiarla, no hacerlo es hacerle el juego al enemigo.