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sábado 24 de abril de 2010

Yo, madre desnaturalizada.




-¡Shh! disimula que ahí viene el niño

-¿Mamá de que hablas?

-De sexo, mi vidita, pene, vagina, orgasmo, ya sabes…

-¡Ah! menos mal, pensé que hablabas de política.


Niños y política, la peor, la más aberrante mezcla que puede hacer adulto alguno. Delito que nos hace clamar por la pena capital, el garrote vil, la purificadora hoguera.

Vuelve nuestra oposición enardecida, vuelven a salvar a nuestros niños, y cuando digo nuestros, me refiero a cualquier menor que viva expuesto a la irresposabilidad casi delicuencial de sus padres socialistas. Degenerados padres que creemos que nuestros hijos pueden ser beneficiarios o víctimas de la política, por lo tanto y para darle herramientas, permitimos que se sumerjan en sus vericuetos, haciendo el mejor esfuerzo para facilitar toda la información que necesiten, tal como lo hacemos con cualquier otro tema que estos adictos al “por qué” nos pongan sobre la mesa.

Lo malo, lo verdaderamente repugnante, es que los carricitos sean expuestos a ideas que, para decirlo con delicadeza, no son ideas de derecha.

Es nuestra zurda tendencia lo que exaspera a estos súbitos protectores de la infancia. Ellos, que patearon el derecho a la educación de sus hijos durante el paro petrolero, “Hasta que Chávez caiga, aunque los chamos pierdan el año.” Ellos, que lanzaron a la calle a sus tiernos aspirantes a bachiller, con sus mochilas llenas de piedras, gorritas de RCTV y aquel dulce canto de “Y va a caer, este gobierno va a caer”. Ellos que arruyan a sus niños con la marcha de Globovisón. Son ellos precisamente los que hoy, como siempre, chillan para salvar, no a sus hijos que ya están impregnados de derecha, sino a otros muchachos, en otros colegios, en otras condiciones, que tienen otros puntos de vista y quieren expresarlos. Chillan porque nuestros hijos también quieren participar en política, pero no quemando chaguaramos con sus manos blancas, sino comunicando ideas con tinta roja.

Yo, madre desnaturalizada, quiero que mis gordas lean, pregunten, discutan, en la casa, en el cole, con sus amigos, con todo el mundo, sobre El Che, Reagan, Nixon o Fidel, que hablen de Franco, Gaitán, Perón, Bush, de Chávez, de los movimientos sociales, de la privatización de nuestro continente, del FMI. Que aprendan a deshilachar las noticias, a formar su criterio, a exponer y defender ideas, sin disimulos, sin guiones, sin consignas ni nalgas blancas. En fin, que aprendan pensar para que sepan decidir.

Es que la política, mamás y papás horrorizados, no es una mala palabra y el socialismo, aunque sí es contagioso, no es una enfermedad.





viernes 16 de abril de 2010

La mala manía de decidir mal.






Se quejaba un amigo opositor porque, según él, su derecho a decidir ha sido limitado por el gobierno. Claro que su derecho a decidir se reduce, hasta donde me ha explicado, a optar por no ver aquel canal que se llamó RCTV. No verlo pero saber que está allí, intacto, para no verlo. No conozco, no me ha podido decir, en qué otros aspectos siente que su derecho a decidir ha sido coartado, pero aún así, sigue en pié de lucha, como la mayoría de los opositores que conozco, defendiéndose de una amenaza que no existe, sin darse cuenta, sin importarle quizá, que nada limita más el derecho a decidir que la pobreza.

No hay que ser Einstein para darse cuenta de esto, pero mis amigos opositores tienen respuestas para todo, no importa cuan vergonzosas sean: los pobres son pobres porque quieren.

Les explico, mis tarúpidos amigos socialistas: No vale la pena preocuparse, los pobres, ejerciendo su derecho a escoger consagrado en el capitalismo, eligieron, entre una fascinante gama de opciones, vivir en un rancho a la orilla de un barranco. Eligieron libremente evadir la responsabilidad de pagar hipoteca, condominio, e impuestos de propiedad. Los pobres, repito, escogieron la vida fácil, porque es más fácil vivir entre penurias y carencias que entre libros de texto, primero, y de contabilidad después.

Tendríamos que entender de una buena vez que la pobreza no es producto de las políticas excluyentes, de la explotación, del saqueo de los recursos de todos a favor de pocos; nooo, la pobreza no es más que una decisión personal basada en la sinvergüenzura y la marcada tendencia al desorden que caracteriza al pueblo. Una vez comprendido esto es fácil entender el razonamiento opositor: ¿Cómo apoyar un proceso que busca darle el poder a un pueblo que a la hora de escoger opta por la flojera y el despiporre?

Lo cómico es que en el mundo laboral, a los pobres les llaman trabajadores ¡Vaya paradoja! Es que los flojos trabajan tanto que generan ganancias que alcanzan para que el jefe viva como jefe y para que éste, generosamente, les asigne un sueldito para que los flojos vivan como merecen. Y no se quejen, ni le busquen cinco patas al gato, porque es el jefe el que tiene el capital, el que se rompe los sesos en la oficina con sillota acolchada y aire acondicionado, el que se va de vacaciones cinco veces al año sin que por ello su empresa se detenga, el indispensable. Es él quien tuvo la entereza de decidir ganarse el pan con el sudor de la frente… de los demás.

Y ya que estas cosas las decide cada quien, usted, mi amigo clase media que sueña con ser millonario ¿Por qué decidió no serlo?




viernes 9 de abril de 2010

Chávez no es Dios.







Hay gente que cree que Chávez es Dios. Nunca falta quienes griten ¡Blasfemia! ante la menor referencia humana sobre mi presi. Son como arcángeles detectores de pecados, muchos de ellos ateos, que han encontrado sustento para las almas que niegan tener en una religión llamada Chavismo.

Si Chávez fuera Dios no sería Chávez. Es que lo que nos une a mi presi es la certeza de que él es uno de nosotros, que come, que duerme, poco pero duerme, que llora, echa vaina, ama y, con el perdón de mis arcángeles vengadores, también hace pupú. Sí, él mismito nos contó en un Aló la odisea de un retortijón en cadena nacional. Un hombre que siente, que hace grandes cosas y que a veces la caga, y ya no estoy hablando de un simple retortijón.

Es la humanidad de mi presi lo que lo hace excepcional, porque si Chávez fuera Dios habría destruido, cual Sodoma y Gomorra, a los impíos municipios de Chacao y Baruta, un buen diluvio universal en Táchira para acabar con esos gochos que votaron por Pérez Vivas, habría partido en dos las aguas del Lago de Maracaibo para tragarse a cuanto zuliano hubiere votado por Rosales y su combo. Ni hablar de las siete plagas que habría lanzado contra la isla de Margarita, aunque pensándolo bien, a Margarita sí le lanzó siete plagas pero esa es otra historia, y no lo hizo por mal sino porque errare humanum est.

Este Dios colmaría el paraíso terrenal de Pdvales repletos de comida, para luego prohibirnos probar el solomo de cuerito que está en aquella nevera, so pena de ser condenados a trabajar para una transnacional gringa que exprima el sudor de nuestras frentes.

Si Chávez fuera Dios, sus logros serían degradados a simples milagros de un todopoderoso que, pudiendo hacerlo todo, hace tan sólo un poquito, lo que validaría el tan gastado “culpechavez” de la oposición.

Sería tan triste ver al pueblo hecho rebaño, tragando injusticias como si fueran hostias, en nombre de su propia salvación; causa picazón ver que ya hay quienes repiten consignas que parecen plegarias para exorcizar una idea, una queja, una disconformidad, para no parecerse a la contra, para no darle de comer a la canalla, como si la contra y la canalla estuvieran sólo allá, de aquel lado. Sería la peor derrota ver a los revolucionarios de rodillas, desmovilizados por la bienaventuranza de los que temen a un Dios que sólo existe en las cabezas de unos pocos sacerdotes y monaguillos de pacotilla que nos gritan desde sus púlpitos ¡Pare de sufrir! ¡Pare de pensar!… ¿Permítanos pensar por usted?…

Chávez no es Dios y sé que no quiere serlo porque nadie despierta a un pueblo para luego obligarlo a dormir.

Amén.




jueves 1 de abril de 2010

Una cuaima para Chávez.




Mucho se habla de la participación de la mujer en este proceso revolucionario pero yo soy una inconformista, además de ser observadora, por lo que he notado que aquí falta una pieza elemental: La cuaima de Chávez.

Si mi presi tuviera su cuaima, cuántos problemas no ahorraríamos. Imaginen a mi presi, cavilando una noche, como suele cavilar, pero bajo la vigilancia férrea de su cuaima adorada.

Creo que Fulano va para el Ministerio de tal y tal.-Diría él.

¿Otra vez Fulano?-Saltaría la cuaima desde la cama presidencial quitándole la palabra a mi presi hasta que éste le de la razón.- ¿Ese que no lo quieren ni en su casa? ¿Ese que perdió contra los adecos? Mi amor ¿Pero tu estás loco? ¿Qué Samán de Güere no qué ocho cuartos Hugo Rafael? -Mi presi se pondría rígido al escuchar sus dos nombres de labios de su amada, que ahora está enroscada en un sillón y meneando el cascabel. Bien sabe que ella usa sólo el Hugo Rafael para las discusiones que pretende ganar y gana.- Como si no se pudiera jurar en vano debajo de un Samán.-Continua cuamilmente, pestañeando y torciéndole los ojos.- ¡Por el amor de Alí Primera! Mi inocente primer mandatario ¿No te das cuenta de que ese llenó el ministerio anterior de viceministros nulos que solo cobraban y designaban ayudantes que solo cobraban y designaban ayudantes que solo cobraban...? ¿No te acuerdas cómo la gente, tu pueblo, ellos: la voz de Dios, te gritaban en aquel Aló Presidente que Fulano no les paraba ni media pelota? ¿Te acuerdas del pellizco que te tuve que meter cuando, públicamente, pusiste en duda lo que te contaba aquel valiente representante un concejo comunal? No me obligues a pellizcarte otra vez, Hugo Rafael, no me obligues…

Y a ese otro, sí, aquel con carita de yo no fui, me lo vas destituyendo ya. Mira que el otro día me encontré con su mujer y la muy bicha tenía una pinta como jamás le vi allá en el 23. Y no es que uno no sea coqueta, pero ¿de donde saca una patenlesuelo como ella un anillote de esmeraldas para ponerlo en uno de los dedos que se posará sobre el volante de una camionetota que parece un platillo volador? Cinco guardaespaldas, Hugo Rafael, CIN-CO, dos a’lante y tres atrás, más un policía en moto, y con aquella actitud de mírame y no me toques, de guácalas pueblo hediondo fo… y para colmo, y que quiere ser alcaldesa porque la apoya el marido con los fondos ministeriales. Yo te digo una cosa, mi vida, tu fíjate bien en este detalle que no falla: si va vestido de estricto rojo, si hasta los calzoncillos que lleva son colorados, sácalo, mi amorcito lindo, apártalo de tu lado, porque si uno es lo que es, no se tiene que andar disfrazando para parecerlo.

Y ya que me estás oyendo yo te diría que revises con lupa a toditos tus amigotes, que sí, que hay unos buenos y yo sé perfectamente bien quienes son, pero no olvides que tengo olfato canino para la traición y el disimulo y me huele, me huele… ¿Te acuerdas lo bravo que te pusiste cuando le torcí los ojos a Baduel? Es que no hay consejo de ministros en el que no coja una calentera, mi corazón. Dígame cuando los descubres en una sus idioteces, esas que el pueblo luego termina pagando con sufrimiento y carencias, y ellos tartamudeando y le pasan la bola a un subalterno que también tartamudea…

Yo estaba a punto de darte un pellizco la vez que esa viceministra, Escarlatina Rojas Bermellón, explicaba que no habían hecho nada de lo que tenían que haber hecho, pero que el proyecto estaba en proyecto y, eso sí, bien endógeno, bien comunal, bien poder popular, bien “Si, mi Comandante Presidente”. Me suena, y me disculpas mi pichurri, pero tu sabes que no tengo pelos en la lengua, decía que me suena tan jalabólico eso de Comandante Presidente y ¡Mosca! Que, por ahí, hay un amigote tuyo que quiere que le digan comandante a él también… Bueno, que fue glorioso cómo te salvaste del pellizco que te iba a meter si no te tragabas a esa Escarlatina embaucadora de verborrea pseudorevolucionaria. Tenía las uñas preparadas para clavártelas en la rosquita, ahí junto las costillas, donde más te duele, cuando te vi perder la paciencia, mi cielo, y me dije: ya se fregó está mujercita de uñas e ideas postizas. Y cuando le armaste su zaperoco en vivo, directo, vía satélite Simón Bolívar sentí, porque, ya sabes que siento cosas y nunca me equivoco, que el pueblo enterito se puso a aplaudirte de pie. Como yo soy pueblo, ángel de mi alma, también me levanté y aplaudí imaginando cómo rodarían las cabezas irresponsables que te hacen quedar tan mal.

Pues las cabezas están intactas, mi dulcito de coco, algunas mejor que nunca, más ricas, más buchonas, más descaradas. Borrachas de poder y de impunidad, tejiendo telarañas, armando roscas, mintiéndote, mi vidita, alejándote de tu pueblo que te quiere bien todavía... Sí, mi amor, a pesar de los cipotazos, te quiere bien todavía. Porque ellos saben lo que yo sé: que eres más bueno que el carajo, estudioso y honesto, que tu amor por nosotros es verdadero, pero que a la hora de los amigotes, pones la torta Hugo Rafael.

No me frunzas esa bemba, mi negro bello, que yo te digo las cosas como son, porque callarlas sería malquererte y tu sabes que yo no soy así. Yo no soy del clan del Samán de Güere como unos; ni, como otros, una de las estrellas del 13 de abril, no hablé con Generales ese día, ni te fui a rescatar a la Orchila, ni salí en televisión. Yo sólo soy una de las salió a la calle, junto con aquel gentío, a exigir que me devolvieran a mi amor.

¡Ay! Si mi presi tuviera una cuaima...