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jueves 31 de diciembre de 2009

El 2009 fue un río





Como estoy metida de cabeza en El País de la Canela de William Ospina, traté de hacer un recuento del año que hoy termina y no pude sino imaginarlo como un río por el cual hemos venido navegando.

El comienzo de la travesía fue el más horrible: en lugar de coloridos pañuelitos diciendo adiós, llovía el fósforo blanco israelí sobre los niños de Gaza, futuros terroristas, me explicó una preocupadísima opositora que se descubrió sionista una vez que Chávez levantó la voz a favor del siempre agredido pueblo palestino.

Así, con la tristeza de estar empezando un año que no traía nada nuevo, nos lanzamos río arriba buscando, entre otras cosas urgentes, la posibilidad de reelegir al capitán del barco. Remamos como locos e izamos las velas con el viento a favor, porque conocimos una derrota y esta vez no podíamos perder.

Y no perdimos, ganamos la posibilidad de prolongar el viaje lo que nos hizo querer remar con más fuerza, a pesar de algunos remeros raros que movían sus brazos hacia atrás como quien no quiere la cosa.

A pesar también de algunos con vocación de náufragos que no soportan ver cómo avanzamos por ese río revuelto y cómo vamos venciendo sus trampas. ¡No, es no! ¡Deténganse que nosotros no merecemos avanzar, que no se les ocurra aspirar a nada más que a la esclavitud, alto o les mostramos las nalgas blancas!

Golpe de timón y dejamos una barrerita de nalgas blancas expuestas no sólo al sol sino a la vergüenza.

Pero si de vergüenza se trata hubo varias que tuvimos que sortear con mucha pena ajena: Huelgas de hambre sin hambre, un alcalde mayor en gira de jefe de estado, supongo que de estado de putrefacción. Pero la mayor vergüenza de todas ha sido el silencio cómplice, en el mejor de los casos, si no el apoyo abierto por parte de nuestros ¿compatriotas? opositores a las agresiones del gobierno colombiano a nuestro país, y la feliz esperanza que supone para ellos tener al vecino tomado por los valientes soldados gringos inflados de esteroides y la posibilidad, siempre presente, de una visita relámpago, o no tanto, de tan amables y musculosos invasores.

Sequía, cortes de luz, funcionarios ineficientes, módulos de barrio adentro cerrados, médicos que juegan a la bolsa con el hígado de sus pacientes, médicos desertores que prefieren curar en dólares y cubrirse del desprestigio que supone cambiar la medicina por la carnicería. ¡Reimpluso carajo! Y el barco remonta la corriente con el capitán siempre al timón.

El tiempo nublado llevó a algunos a pensar que se había perdido algo importante en el camino, que el capitán no lo había notado y que ya no dirigía él la marcha sino que estábamos a merced de la corriente.

¡Crisis bancaria a estribor! -Gritaron felices los eternos aspirantes a náufragos desde sus pocitos de lodo. Pobrecitos, siempre equivocados, no contaban, como nunca lo han hecho, con que tenemos un capitán vergatario y que a este barco lo impulsa la voluntad de todo un pueblo de alcanzar su libertad.

Tragando barro vieron como sorteamos una crisis bancaria que no fue. Atragantados de rabia vieron llegar la hallacas y el pernil para todos, hasta para ellos. Sin darse cuenta navegaron a nuestro lado, pero por fuera, buscando el fracaso que nos hundiera a todos, dispuestos a morir en nombre de la esclavitud. Se beneficiaron de nuestros logros mientras nos acusaban de entorpecer sus destinos. Se forraban en dinero aquí, en pleno comunismo, mientras los grandes bancos del mundo civilizado que tanto añoran se desmoronaban y aun así nos maldecían.

Y maldiciendo pasaron un 2009 de lujo, maldiciendo empezarán el 2010. ¡Pobrecitos! Con su pataleta crónica desperdician los mejores años de sus vidas, los años más felices de nuestra nación, empeñados en el torpe esfuerzo de mantenerse en el lado equivocado de la historia.

Venga 2010 que seguimos remando a paso bicentenario y muertos de la risa… ¡Uh ah!



viernes 18 de diciembre de 2009

La pesadísima máscara del disimulo.






No es fácil pasarse la vida pretendiendo ser algo que no se es, pero es todavía más difícil, por no decir imposible, pretender ser algo que requiera honestidad. Es que quien pretende no es honesto y es esta, mis chavistas de ocasión, una de la cualidades que define a los revolucionarios de verdad, verdad.

Yo, novata en estas lides, he venido aprendiendo a punta de decepciones. Personajes que una vez admiré se van desmoronando como galletas con gorgojos. No han sido pocos los desemascarados, y aunque al principio me desmoralizaba ver cómo sacaban los colmillos cuando creían que nadie los miraba, hoy me alegro de ver cómo su ambición y su borrachera de poder los hace torpes, enredándose ellos mismos con sus propios pies derechos.

Su desparpajo los ha llevado al punto de burlarse en la cara de mi presidente mientras lo aplauden enfundados en sus rigurosos atuendos rojos rojitos. Han jugado con su confianza, lo han puesto a vender pañales que no existen, a inaugurar proyectos que no se terminan, a levantar la mano de candidatos que nadie quería. Lo rodearon y le taparon los ojos y oídos aprovechando la amenaza siempre presente del magnicidio y la conspiración. Lo rodearon y nos rodearon.

Pero la máscara del disimulo es muy pesada y no hay adeco que la soporte. Es doloroso tener que parecer austeros cuando se han llenado los bolsillos, es inútil llegar a jefe para que te mande el pueblo, es imposible no abusar un poquito aquí, una comisioncita allá, una agüita Evian en la oficina ministerial…

El tufo adeco se siente desde lejos y ellos, bichos de la misma manada, se huelen y se juntan. Y es tristemente gracioso ver que los rojos más rojo de todos, los más “sí, mi Presidente Comandante”, los que gritan ¡Contrarrevolucionario! a todo aquel que se meta en su camino, son los que tiene el alma más blanca.

Será entonces que esta revolución la haremos mi presi y los millones contrarrevolucionarios de a pie que rechazamos a esa muralla blanca que pretendió interponerse entre él y su pueblo, y que hoy se derrumba bajo el peso insoportable de la máscara del disimulo.




sábado 12 de diciembre de 2009

Horóscopo de amenazas rotas.




Este año se fue y nos dejó un reguero de amenazas rotas, horrendas predicciones que nunca se cumplen y que quedan en lista de espera para el año que viene, que de una vez advierten los falsos profetas, va a ser peor que todos los anteriores.

Estos augures del terror, llamados de expertos analistas, gozan de una extraña y envidiable suerte: poseen un público adicto a las malas nuevas, o viejas, siempre y cuando sean malas. Masoquistas involuntarios anhelantes de que el caos toque de una vez a sus puertas.

Como el pobre diablo que busca en boca de adivinos lo que la vida le niega, y se relame imaginando una fortuna que existe sólo en las cartas del tarot. Así, nuestros opositores adictos al terror buscan que les mientan, miénteme por piedad yo te lo pido, que les prometan soñadas pesadillas, que les inventen profecías absurdas y retorcidas que ellos las necesitan como el vampiro a las morcillas.

Ante tan apremiante necesidad de tormento, recogí algunas de las amenazas rotas de 2009 que serán recicladas en 2010:

El panorama político del nuevo año se presenta pletórico de amenazas a la democracia, la moral y las buenas costumbres. En el primer trimestre los niños serán, por fin, arrancados del regazo materno para intoxicar sus vulnerables mentecitas con el pensamiento de Bolívar, Martí y otros próceres de dudosa procedencia. La educación privada será abolida y los planteles convertidos en bases militares ruso-iraníes.

En el segundo trimestre el precio del petróleo caerá en picada hundiendo el lado oficialista de este barco. Habrá marchas, huelgas de hambre sin hambre y nalgas al aire que precipitarán la caída del rrrégimen.

Durante el trimestre que comprende julio, agosto y septiembre estaremos de vacaciones como cada año.

El ultimo trimestre regresaremos para descubrir que Chávez sigue allí, aferrado al poder. Fraude electoral, cataclismos varios, comunismo galopante, prohibición de implantes mamarios, hamburguesas e internet.

Pero el año aún no termina, la amenaza sigue vigente, mantengan viva la zozobra y tengan una feliz Navidad… si pueden.






sábado 5 de diciembre de 2009

Primero muerta que pueblo.






“Qué riñones tiene Chávez: decir que el dinero de los bancos no es de los banqueros sino que es del pueblo. Alguien debería explicarle a ese miserable que el dinero depositado en los bancos es de gente que trabaja, y no del pueblo amaestrado y pedigüeño que, sin mover un dedo, tiene asegurado su bozal de arepa”

Este fragmento de conversación que agarré al vuelo en el supermercado me hizo querer saber qué clase de aristócrata había descendido a tan ordinario lugar, justo al lado de los plátanos maduros, para darnos una lección del más rancio clasismo. Busqué entre ñames, papas y repollos, pero sólo encontré gente más o menos como yo, seguramente asalariados, unos más endeudados que otros, todos comprando ingredientes para las hallacas gracias al aguinaldo recibido. En fin, que si allí había una reina, era una de carnaval.

Carcomida por la intriga dejé que aquella voz me guiara hasta su dueña y allí estaba: una cuarentona teñida de rubio, vestida de marcas tan falsas como el color de su pelo, apoyada en un carrito a medio llenar con productos saborizados que iba escogiendo con sus manos sepultadas en bisutería, toda ella consagrada al más infructuoso de los esfuerzos por no parecerse tanto a lo que es: Pueblo.

Triste papel de ni chicha ni limonada que interpretan estas personas que aprendieron a no verse, a creer que el pueblo, tan ajeno a ellos, es una masa de maleantes, brutos, y de paso feos, que no trabajan, que no les duelen las mismas cosas, que no aspiran a lo mismo, que no sienten igual que la “gente decente” y que, por supuesto, no tienen cuentas bancarias. Lo que le quita la razón a Chávez y se la otorga a los banqueros. ¡Ja!

Prefieren la muerte antes que ser chicha, y se les va la vida en el imposible intento de ser limonada, preferiblemente frappé, sin sospechar que no hay nada que provoque más grima a las limonadas de alcurnia que la parejería de los guarapos de papelón a su servicio.

Despreciando lo que son sirven a quienes más los desprecian, y todavía tienen el tupé de decirse “la gente pensante de este país”.