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jueves 25 de junio de 2009

El río de palabras huecas.




¡Ah la crítica! Esa imprescindible herramienta para llevar a buen puerto cualquier proyecto. Y la revisión ¿recuerdan?, ¿como revisar sin recurrir a la crítica?.

Si, ya sé que la crítica se elude alegando un arduo ejercicio de autocrítica.

Yo me miro en el espejo cada mañana, trato de mirarme con los ojos entrecerrados para que mi creciente perfil no me abofetee así tan recién levantadita. Pero me miro y veo claramente, sinceramente, dónde no me parezco a una top model. Luego la pregunta de cada día: ¿por qué la barriga está ganando la batalla, Carola? Y la respuesta: estoy haciendo todo lo posible por minimizar el tejido adiposo del abdomen, pero no es tarea fácil: años y años de irresponsable acumulación de grasas y toxinas, más alguna deficiencia de la glándula tiroidea, sumado a la edad, han degenerado en una sociedad, perdón, barriga con muchas deficiencias, que se van atacando, eso sí, pero no es tarea de un día, ni hay soluciones mágicas.

Si nos fijamos bien, desde hace tres años, cuando asumí el control de mi barriga, hemos bajado el indice de grasa en un 4% y unos diez centímetros del diámetro abdominal, lo que permite que el pantalón que me voy a poner hoy, y que hace apenas unos meses se quedaba dolorosamente atorado en la mitad de los muslos, pueda ser abrochado sin mayores inconvenientes.

Se ha logrado mucho y vamos bien, Carola. -Me doy una palmadita en la espalda y, apenas dejo de ver mi imagen reflejada en el espejo, respiro hondo, relajo lo que queda de mis músculos abdominales y plofff... vamos bien…

Si más tarde, algún amigo hace alusión a estos kilos que se hospedaron en mi zona media y no tan media, yo me molesto ante su ceguera y su falta de sensibilidad: ¿Acaso no es evidente que hoy puedo abrochar mi pantalón sin tener que meter la barriga? ¿Vamos bien?

Es que la autocrítica da para lo que da, porque uno es humano y el ego, los miedos e incluso, las ganas de ver resultados, pueden hacer que no profundicemos lo suficiente a la hora de revisarnos.

Para contrarrestar esta limitaciones son buenos los amigos verdaderos, los leales compañeros que no tienen pelos en la lengua a la hora de decirte que estás metiendo la pata, perdón, la barriga, y que por ahí no vamos a ninguna parte.

La crítica constructiva es vital para no perder el rumbo, perdón, la figura.

En estos días se abrió uno de esos portales tan interesantes que se abren de vez en cuando en nuestra revolución. Son una especie de momentos claves que o se toman por los cuernos o pasan, y casi siempre pasan, dejándonos con esa sensación de vacío, de que no hicimos algo muy importante que debíamos hacer.

Un grupo de revolucionarios, después de mucho pensar, observar, debatir, volver a pensar, hablar con otras personas, de otros medios, con otras experiencias, o las mismas, tal vez, llegan a unas conclusiones que consideran deben ser dichas en voz alta como un aporte a este proceso en el cual quien no aporta estorba.

Lo bueno es que estas personas tienen una tribuna que la mayoría de nosotros no tenemos. Lo mejor es que dijeron lo mismo que vengo escuchando de boca del pueblo desde hace algunos años. Lo malo es que lo dicho se está diluyendo en un río de acusaciones, sospechas, intrigas, que no dicen nada y que van ahogando las palabras que muchos queremos que sean escuchadas.

Vamos avanzando en esta revolución, no sin dificultades. Vamos viendo, a veces, cómo se arman las tramas que podrían dejarnos un día a la mitad del camino. Tenemos un camino lleno de trampas adelante. Tenemos suficiente con las zancadillas del enemigo como para que nos de por meternos zacadillas entre nosotros mismos. Flaco favor nos hacemos...

Quisiera ver a mi hiperlíder acompañado de un hiperequipo de trabajo. Quisiera ver cómo acaban con la burocracia ineficaz y corrupta que, ciega de torpeza y codicia, va carcomiendo hasta dejarnos con una ilusión llena de huequitos y nada más.

Quisiera que los ministros y colaboradores de mi hiperlíder tuvieran la honradez de no aplaudirlo cuando meta la pata, porque mete la pata mi presi, como la metemos todos. ¿O acaso a estas alturas vamos a empezar a creer en humanos infalibles? Es que mi hiperlíder necesita hiperamigos, de esos que sepan decirle la verdad, aunque duela… a quien le duela.

Quisiera que a mis hipercompañeros les sepan siempre a piña, cual golpes de niña, las acusaciones que suelen lanzar los que suelen lanzar acusaciones cada vez que sienten que es hora de acusar.

Quisiera ver que el partido, mi partido, dejara de considerar como simple habladera de paja nuestras legítimas preocupaciones. Quisiera ver cómo se abren las puertas al dialogo y al debate en el partido que se creó para nosotros y en el que todavía muchos sentimos que no tenemos voz. Quisiera que no nos arrastrara, otra vez, el río de la palabras huecas.





martes 16 de junio de 2009

¡Con mis hijos no te metas, que para eso estoy yo!




Carlitos y Alejandra se levantan tempranito al son la marcha de Globovisión. Su mamá, nerviosísima, se termina de arreglar mientras Aymara y Antonetti les comentan a los pequeñines que un señor muy malo se los va a llevar a Cuba, lejos, muy lejos, de los brazos de mamá.


Apenas sale el sol y ya los hermanitos están amarrados a la vida en sus sillas de seguridad, en una camionetota que su papá le acaba de regalar a su mami porque la quiere mucho. Lástima que este gobierno se la va a quitar, al menos eso les ha contando Marta Colomina en el trayecto a su colegio, que también se los van a quitar, tal como lo dijo, la otra tarde, el señor que hace run run.

¡Negro tenías que ser! -Grita mamá, con su dulzura característica, a un señor que se le atravesó con una moto. Seguro que era chavista, le comenta Alejandra a su hermano que no le responde porque está pensando si le va a tener que prestar todos sus juguetes a esos cubanos que, según Julio Borges, se van a meter a vivir en su cuarto.

Esa mañana mamá, en lugar de dejarlos y volar a no sé donde apuradísima, se baja en el colegio. Todas las mamás, aunque tienen caras de apuro, se bajan también: el deber patrio llama. Hoy se celebra la asamblea de emergencia que convocan, puntualmente, cada año para combatir al rrrégimen aumentando el costo de la matrícula escolar muy por encima de lo que permite la ley.

Los niños esperan el timbre de la entrada revoloteando cerca las tertulias maternas. - Que ya falta poco, si lo vienen anunciando desde hace diez años, vendrán las hordas chavistas, esos ranchuos niches, you know… Que nos van a quitar a los niños, que le saques la nacionalidad española, que los míos tienen la italiana por parte de su papá. Es horrible, cuando se los lleven ni siquiera les vamos a poder mandar mensajitos por el BB porque van a prohibir el internet y todo lo que se maneje con botoncitos. No quiero imaginarme que se los lleven en julio, mira que ya pagué el plan vacacional...

- Para siempre, se los van a llevar para siempre, ¿O es que acaso crees que cuando me devuelvan a un peluo adoctrinado de veinte años yo lo voy a poder recibir en mi casa como si fuera mi hijo?

- Mamá: ¿me vas a querer siempre? -Interrumpe el pobre Carlitos que, lívido de miedo, aferra sus manitos a la cartera Prada de mamá. Si no te meten a Chavista si, mi amor.

Después de un largo día de colegio, regresa mamá apuradísima y, con la responsabilidad que caracteriza a toda buena madre, los sienta en sus sillitas de seguridad, porque ella sabe bien que el deber de una madre es velar por el bienestar de sus hijos. Una vez amarraditos, pisa el acelerador y sintoniza a Nitu para amenizarles el regreso a casa.

Así se enteran los hermanitos que a su colegio ya no se llamará San Francisco de Asís, que desde mañana se llamará Escuela Popular Comunal Che Guevara. Que los niños van a tener un uniforme nuevo con un sombrerito rojo igualito al que usan los chavistas esos que, de paso, comen niños. Que en lugar de clases de deporte van a tener clases de soldados. Que así como les prohibieron la Coca Cola Zero, les van a prohibir la navidad y la cajita feliz. Que esas hordas de resentidos van hacer muchas cosas horribles, pero los niños no saben si preocuparse, porque tienen entendido que cuando pase todo esto, ellos estarán en Cuba.

A modo de receso en su pesadilla cotidiana, mamá, antes de seguir su camino a no sé donde, deposita a sus retoños en manos de su niñera, una señora contradictoria que tiene cara de ‘‘horda’’, pero parece quererlos mucho, porque nunca está apurada, nunca pone esos programas de terror en la tele y siempre está contenta.

Lástima que a las tardes le siguen las noches, con su Aló Ciudadano; con su Grado 33; con su mami tengo miedo; con su duérmete niño, duérmete ya, que viene Kiko y te comerá.




domingo 7 de junio de 2009

De sueños y sueños y pesadillas.






Crees que la peor de las soledades consiste en saber que algo espantoso está a punto de ocurrir y que nadie a tu alrededor se está dando cuenta. Que la peor pesadilla consiste en que tu, que si sabes, te dedicas a explicarle a una multitud de tontos incautos, y ellos, tontos al fin, siguen su camino sin entender que van rumbo a la más miserable de las miserias, y lo peor, que te arrastran con ellos.

Estas cosas horrendas no solo pasan en las películas de terror. Te pasan todos los días en tu calle, en tu trabajo, en tu supermercado de confianza.

Ves como una mayoría aplastante de seres que no entienden, pero votan, que no desean progresar, pero votan, que son irresponsables, pero votan, que se conforman con limosnas y por eso votan, y botan tu futuro y el de tus hijos, que sí entienden, que sí quieren progresar, que sí son responsables pero por más que voten no alcanzan a votar tanto como esa masa de ignorantes que no debería votar, pero vota.

Cansado de luchar contra esa ignorancia testaruda solo te queda soñar y creer en las encuestas que siempre te han mentido, y sueñas con el día que ese pueblo que tanto desprecias, despierte. Que despierte a tu realidad; que se entere de una vez que no podemos ser todos iguales; que ni sueñe soñar tus sueños, pero que esté dispuesto a servir de escanloncito para que tu sí los alcances; que sueñe sueñitos casi posibles que justifiquen la estupidez de conformarse con que unos pocos logren sus sueños a costa del insomnio del resto. Que despierten a la resignación de pertenecer a ese resto…

Y es que hay sueños que sí merecen ser soñados: sueños inútiles, en ediciones limitadas, solo para soñadores selectos, y que dejarían de serlo si estuviesen al alcance de todos. Sueños verdaderos y no esa necedad de los sueños colectivos, igualitarios, que incitan a la parejería. Esos sueños de pacotilla que para ti son simples actos cotidianos como desayunar, llevar a los niños, sanitos, al cole y traerlos de vuelta a casa, tu casa, con techo sin goteras, nevera llenita, baños con agua fría y caliente y todas esas tonterías…

Confundido, o con ganas de confundir, imploras por el despertar de un pueblo que hace años tiene los ojos bien abiertos, porque no puedes admitir que lo que en verdad necesitas es que ese pueblo vuelva a dormir.

La peor de las soledades consiste en el soberbio egoísmo de pretender que los demás no se atrevan a soñar. La peor de las pesadillas, tristemente para ti, consiste en que nuestros sueños los estamos haciendo realidad.