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sábado 30 de mayo de 2009

Debatiéndome entre la ira y la vergüenza

Alerta del Frente de damas indignadas con todo los que haga el gobierno.





En este país ya no hay manera de no sentir una profunda y cotidiana indignación, acompañada con una vergüenza crónica que nos corroe el sistema nervioso. Ese indignarnos con pena ajena delante de todo el mundo es, seguramente, una de las tácticas desmoralizadoras más efectivas que ha encontrado este rrrégimen castro-evo-joselo-comunista.

Díganme, mis desconcertadas damas, cómo no sentir que la cara se cae de vergüenza, cuando traemos a los más connotados intelectuales de Iberoamérica para que, por favor, insulten a este paisucho en el que no tocó hacer negocios, asegurándoles que serían vapuleados por hordas chavistas furibundas, arrestados y violados todos sus derechos humanos, y finalmente declarados personas no gratas y expulsados del país, lo que redundaría en publicidad gratuita a nivel mundial para ellos, y para nosotras, otra conveniente embestida desestabilizadora.

Pues los dejaron entrar, no sin antes hacerles pasar por el mal rato de ser tratados como personas comunes y corrientes, de esas que deben mostrar sus pasaportes para poder ingresar en el país, como si nadie supiera quiénes son esos insignes pensadores. Más allá de esa humillación, que evidentemente se debió a la ignorancia característica de aquellos que apoyan al rrrégimen, no hubo, como calculamos, ningún episodio sangriento que lanzar a las primeras planas del mundo civilizado.

Gracias a la Virgen Dorada de la Plaza Altamira, al funesto petrodictador le dio por jugar al demócrata, así que convocó a un debate entre nuestros ilustrísimos invitados internacionales y una banda de sujetos despeinados que se auto-proclamaban intelectuales de izquierda, como si tal cosa fuera posible.

Diles que sí pero no.- Le ordené a Mario, que siempre me ha hecho caso. Si pero no. -Dijo Mario. Si pero si. -Dijeron allá en Miraflores. No y no.- Dijimos nosotros indignados y mandamos a rodar titulares, vía CNN, que decían que queríamos debatir y no nos dejaron, que el único cobarde es el tirano que nos invitó a debatir, bajo sus condiciones dictatoriales, con esos peludos despeinados que ni en sus casas los conocen.

Permanecimos pegados a nuestras pantallas planas para ver cómo el dictatorzuelo recibía nuestra bofetada, en vivo, directo, vía satélite Simón Bolívar (¡qué horror!) pero los abofeteados fuimos nosotros cuando el tirano y su séquito rompieron a reír a carcajadas.

Reían los muy miserables, y lo hacían con ganas, no con el disimulo acalambrado con el que hemos tenido que reír tantas veces en estos eternos diez años. Reían mientras mis afamados intelectuales no podían entender dónde estaba el chiste.

Yo si entiendo, estoy convencida de que esto no es más que un plan macabro: son felices sólo para hacernos sufrir.



Atentamente,

Marifer Popof.

Presidenta del Frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.




martes 19 de mayo de 2009

¡¡¡Vienen los comunistas!!!… otra vez…





Boris y Natasha, aquellos malvados que siempre sucumbían al ingenio de Rocky y Bullwinkle, no sucumbieron del todo. Resulta que se escondieron en Cuba durante todos estos años y hoy, fieles a los ciclos de pánico, locura y furia opositora, regresan para hacer lo que hacen los comunistas malvados, valga la redundancia.

Vuelven para ocupar cada cuarto vacío del apartamento que has pagado con el sudor de tu frente. Vuelven para llevarse a tus hijos y convertirlos en agentes de KAOS, con el agravante de que Maxwell Smart, el súper agente 86, ya no está para defenderlos. Vuelven para apropiarse de la orilla de playa que con tanto esmero cuidan los empleados de tu club. Vuelven con su tarjeta de racionamiento, con sus espías, con sus hordas asesinas de viejitos indefensos, con su adoctrinamiento y su burundanga... vuelven y vienen por todo, como lo han venido haciendo cada cierto tiempo que nunca llega. Vuelven para aterrorizarte, para que salgas y marches, a ver si esta vez puedes tumbar al gobierno.

Es evidente que el comunismo llegó: se nota cuando lo dicen en los medios, a grito pelao’, a pesar de que aquí no hay libertad de expresión. Se nota cuando Ledezma batuquea a unos policías porque ellos se negaron a violar sus derechos humanos frente a las cámaras, mientras que una periodista afirma que sí se los están violando. Se nota en la disidencia encabezada por Rosales, que prefiere permanecer en Perú por temor a las represalias del rrrégimen genocida que se empeña en castigar a los corruptos.

Se nota a leguas que el comunismo nos ha calado hasta los huesos en las camionetas de doscientos mil bolos, y más, que pululan en nuestras calles, en la imposibilidad de viajar a Disney en agosto si no reservas con seis meses de anticipación, en los miles y miles de blackberries que portan los oprimidos ciudadanos cual si fueran objetos de primera necesidad. Se hace patente en las teles pantalla plana que cuelgan en cada una de la habitaciones de tu casa que, por cierto, pronto ocuparán los cubanos.

Una evidencia irrefutable de la amenaza a la propiedad privada, es que el mismo canal que no tiene libertad para expresarse, pero que se expresa, dedica sus espacios publicitarios a venderle a los futuros expropiados cocinas italianas, griferías noruegas, mármoles y porcelanatos y todo tipo de detalles para convertir sus hogares en el lugar distinguido y confortable que merecen las personas con estilo, y que merecerán, por supuesto, los nuevos inquilinos forzosos que ocuparán las habitaciones que una vez fueron de los niños, vilmente, deportados a Cuba.

Otra vez vuelve el comunismo con sus mismas maldades que nunca llegan. Otra vez corren mis opositores aturdidos como pollos sin cabezas, buscando a un líder sin proyecto que los regrese a la paz y armonía social de un tiempo que jamás vivimos, pero que ellos recuerdan y añoran como si hubiese existido.

Mientras corren, sufren y marchan, no olvidan que agosto está a la vuelta de la esquina, y que si no reservan ya se quedarán con los crespos hechos, condenados a pasar sus vacaciones en cualquiera de los miles de centros comerciales que, como todos sabemos, son iconos inconfundibles del comunismo. O tal vez podrán ir a Margarita, bastión opositor que, extrañamente, este feroz rrrégimen permite que exista y, desde allí, sorbiendo una cremosa piña colada, se sintonizarán con la realidad represiva que valientemente les transmite Globovisión.

Y es que este comunismo no los deja ni pasar vacaciones en paz.




miércoles 13 de mayo de 2009

Los burócratas: tutores del poder popular.




Es vox populi que entre Chávez y nosotros hay una pared densa y nebulosa que obstruye el fluir de la revolución. Es vox populi, y yo tengo la cuestionable suerte de poder corroborarlo al encontrarme con muchos de los ladrillos que forman esa pared con más frecuencia de la que desearía, si es que alguien puede desear semejante cosa.


Funcionarios públicos cuya única misión es servir para lo que fueron designados y que todavía no han entendido que Venezuela es otra. No entienden estas personas lo que predica mi presi cada día, casi siempre en cadena nacional, por si acaso están mis funcionarios sintonizando una novela, pues, que se enteren de por dónde van los tiros.

Los tiros van por el lado de la transferencia del poder al pueblo, pero entender eso, para un funcionario como los que yo me encuentro a cada rato, implica tener que entender que su cargo, un día no muy lejano, será obsoleto, por lo tanto sería como aceptar resignadamente su propia extinción.

Resulta que ‘’el pueblo no está preparado y no entiende’’ que necesitan intermediarios que, más que mediar, pretenden imponer su visión personal de cómo se organiza el poder popular, y ya sabemos que mientras más desorganizado esté el pueblo, más lejos estará de tomar el control de su propio destino y eso asegura la existencia de los cargos de mis burócratas en cuestión.

El pueblo no está preparado cuando no conviene soltar la cuerda. Ese pueblo que ha mostrado madurez política a la hora elegir al comandante de la revolución, a la hora de votar por una nueva constitución, a la hora de arrebatar a nuestro presidente de las manos de sus frustrados verdugos. Ese pueblo que rescató a PDVSA, que soportó con estoicismo el paro petrolero, ese pueblo que no cae en las constantes provocaciones a la que es sometido, ese pueblo que lleva diez años luchando por una revolución que entiende como su única posibilidad de tener un país justo, libre y soberano, ese mismo pueblo es el que no está preparado y no entiende.

Y tienen razón mis funcionarios porque yo no entiendo y no creo que nadie, salvo ellos mismos, lo entiendan.

No entiendo, y cuando los entrevisto, ellos se encargan de que entienda menos. Siempre encuentran la manera de responder a mis preguntas con respuestas a otras preguntas que nadie les ha hecho, por lo que terminan diciendo nada, pero, eso si, hablando mucho como para hacernos creer que hacen mucho.

Pues si hacen: estorban y mucho, y de paso les pagan por ello, cosa que los alienta a seguir estorbando.

Los burócratas se erigen como los tutores del poder popular hasta que ellos consideren que estamos preparados para asumirlo. Su misión es convencernos de que no lo estamos. La nuestra es asumir nuestra responsabilidad colectiva y derribar esa conveniente pared que han logrado construir a costa de nuestra revolución.

Eso, o ellos derribarán todos y cada unos de nuestros sueños.




lunes 4 de mayo de 2009

Adictos a la zozobra.




Le tengo terror a las montañas rusas. Cuando era una pava me subí en algunas de ellas solo para sufrir como una desgraciada. Mientras hacía la cola me inventaba excusas que no fueran demasiado ridículas para irme lejos de aquel pavoroso aparato, pero siempre había un niñito de ocho años delante de mi que me hacía pensar que mi miedo era muy tonto. Por culpa del niñito terminaba gritando desesperada al borde de una de esas caídas planificadas para que la muerte te pase cerquita pero que no te lleve.


Nunca entendí por qué proliferan ese tipo de atracciones y mucho menos cómo es posible que existan clubs de montañas rusas, cuyos miembros, tras una confesa adicción al pavor, se dedican en cuerpo y nauseas a lanzarse por empinadas bajadas de hierro, a veces colgando patas arriba, a veces colgando patas abajo, siempre con las manos en alto y las caras desfiguradas por la fuerza de gravedad y el terror.

El último alarido en tecnología montaña-rusística son las de realidad virtual: Unos aparatos que parecen salas de cine, donde uno se sienta en una silla que te sacude de un lado al otro mientras, en una pantalla de 360 grados, te proyectan caídas infernales, espirales vomitivas y todo tipo de piruetas imposibles. Uno las siente, las padece, pero no están pasando sino en el mundo virtual.

En Venezuela contamos con algunas pavorosas montañitas de feria de pueblo que por viejas y oxidadas son las más temibles, pero no tenemos esas montañas rusas de última generación. A falta de éstas últimas tenemos a Globovisión que, a punta de sembrar el pánico, ha logrado agrupar un club de globovidentes quienes, cual sus pares montaña ruseros de otros países, terminan haciéndose adictos a la zozobra.

Globovisión Virtual Reality Productions es una empresa que ha perfeccionado el marketing del terror a través de una montaña rusa que debería figurar en el libro Guinness por ser la más larga del mundo.

El recorrido de esta atracción puede durar tanto tiempo como se tenga sintonizado este canal de realidad virtual. Dicha ¿atracción? tiene unas particularidades que la hacen única: Los pasajeros se sientan a espaldas del país, no llevan ningún tipo de cinturón de seguridad, suben por la cuesta eterna del chavismo mientras una seductora voz les narra lo que les espera más adelante:

La primera bajada que no termina de llegar es la más pavorosa porque en ella te quitarán a tus hijos y los mandarán a Cuba para que aprendan a odiarte. Inmediatamente entrarás en el triple tirabuzón de de la quiebra de PDVSA y la subsecuente crisis económica. En una curva cerradísima más adelante te expropiaran tu apartamento de playa y aún cuando no te has repuesto, vendrá una bajadota donde te meterán a tres familias cubanas en tu casa. Subidas, bajadas y más espirales llenas de epidemias, catástrofes de todo tipo, violaciones a los derechos humanos, genocidios, pollos radioactivos de Bielorrusia, confiscación de las tus cuentas bancarias, bombillos espías made in Cuba, hambre, señales divinas de que vamos por el sendero del mal, ¡Tembló! ¿No te lo dije?, rechazo de la comunidad internacional, aislamiento, qué pena con ese señor…

Los más adictos a la zozobra llevan diez años agarrados a su sofá mientras éste se zarandea al ritmo de la voz de Nitu, Leopoldo, Kiko y cuanta pavita linda con cara de vampira puedan contratar.

Es tal la adicción al pavor de los globovidentes que terminan clamando, mientras caen al vacío sin caer, que vengan los marines, que nos invadan, que viva el fósforo blanco que solo mata a negros, que preferimos ser Faluya, por favor, help us please!

Y pensar que su terror se acabaría apagando el televisor.